Por fin, desde el Gobierno se ha procedido a regular el creciente negocio de la reunificación de deudas. A partir de ahora, las entidades financieras que ofrecen créditos rápidos y reunificación de deudas a clientes con dificultades de pago quedarán sometidas al control de la administración y a estrictas obligaciones de transparencia.

El Consejo de Ministros aprobó el pasado viernes el anteproyecto de ley de protección de los consumidores de créditos y préstamos que, según los planes del Gobierno, debería entrar en vigor esta misma legislatura, tras superar los trámites parlamentarios. El texto ha sido elaborado por los ministerios de Sanidad y Consumo y de Economía y Hacienda, pero será pilotado por el primero.
Este tipo de productos se basan en una publicidad agresiva en la que ofrecen soluciones mágicas para reducir los pagos mensuales o para acceder a un crédito sin apenas condiciones, todo ello con una información poco clara y, en muchos casos, sin informar de las comisiones y elevados gastos asociados a las operaciones, y que pueden llegar a ser hasta un 10% del valor de la deuda.

La norma afecta a las personas físicas y jurídicas que, de manera profesional, concedan créditos o se dediquen a la intermediación o el asesoramiento. Bancos y cajas ya están sujetos a una estricta supervisión y vigilancia por parte del Banco de España, pero a partir de la aprobación de la nueva ley, las exigencias de transparencia se extienden a todas las entidades financieras o intermediarias.

Una de las novedades más llamativas del proyecto es la creación de un registro central con todas las compañías del sector, al que deberán comunicar todas las comisiones, gastos para los clientes y los tipos de interés máximos aplicables, incluidos los de mora. Estar inscrito en este registro será imprescindible para poder operar. Tras la entrada en vigor de la ley se abrirá un periodo de seis meses para cumplir este requisito. También será imprescindible la suscripción de un seguro de responsabilidad civil que cubra las responsabilidades en que pudieran incurrir frente a los consumidores en la intermediación, asesoramiento o concesión de un crédito.
Entre las nuevas exigencias, estará la entrega al cliente con quince días de antelación del contrato que se le ofrece, con precisiones sobre el precio total que debe pagar, las comisiones, cargas y gastos aplicados, así como el tipo de interés en tasa anual equivalente (TAE) y las características esenciales del crédito propuesto. Las empresas dispondrán de un tablón de anuncios en los establecimientos abiertos al público con todas sus condiciones. Para el incumplimiento de las obligaciones establecidas se han previsto sanciones de hasta 600.000 euros.

¿Has tenido experiencias negativas con este tipo de entidades? Déjanos tu opinión

Según un reciente estudio publicado por el Banco Cetelem, cada familia española debe una media de 5.896 € en créditos al consumo (esto es, exceptuando hipotecas y tarjetas de crédito). Este dato sitúa a los españoles en el tercer puesto europeo en el ranking de los más deudores por este concepto, detrás de los británicos (10.675 € de media) y los alemanes (5.995 € por familia) y por encima de franceses e italianos. Este tipo de créditos al consumo ha aumentado un 64% en apenas 3 años, debido a la fuerte pujanza del consumo interno y a los cambios en los modelos del consumo, donde los españoles son cada vez más dados a realizar a crédito compras de productos que de otra manera deberían esperar.
Según las previsiones, este año se ralentizará el aumento de créditos al consumo, debido principalmente a la desaceleración en la venta de productos de electrónica, informática, viajes y ocio en general. El aumento de los gastos hipotecarios parece estar también detrás de la desaceleración prevista en la venta de artículos tales como pantallas gigantes de televisión u ordenadores de última generación.

La televisón y los medios nos bombardean continuamente, y cada vez más, con anuncios en los que nos ofrecen entre 3.000 y 6.000 euros a pagar en cómodos plazos. Se trata de lo que llaman créditos fáciles, rápides o express, y la característica común entre ellos, aparte de que ofrecen cantidades bajas, es la poca documentación o requisitos que requieren, la tramistación casi exclusiva a través del teléfono y el hecho de poder disponer del dinero entre 24 y 48 horas tras su aprobación.

Intereses

Ahora bien, como siempre, no es oro todo lo que reluce. El problema que se esconde tras este tipo de créditos es lo que aparece fugazmente en letra minúscula en la pantalla de la televisión: El tipo de interés. Porque mientras los tipos de interés a fecha de hoy de un crédito al consumo suele ser cercano al 8%, los tipos de interés de los créditos rápidos suele oscilar en la banda cercana al 24,6% TAE, y el interés nominal suele ser del 22,9%.

¿A quienes van dirigidos estos créditos?

Los clientes habituales de este tipo de productos suelen ser personas que por su situación laboral o personal no tienen acceso a los préstamos personales tradicionales de las entidades bancarias. Por ejemplo, inmigrantes o personas con bajos recursos o nóminas bajas, a quienes no les conceden un crédito en su banco habitual, se ven abocados a esta alternativa. Otros consumidores de estos créditos son las personas cuyo nivel de deudas es muy elevado y tampoco pueden refinanciar su deuda, con lo que optan por los créditos rápidos para ir “tapando agujeros” y pagan con este dinero las cuotas de otros préstamos.

Algunos consejos

El mejor consejo que se le puede ofrecer si tiene necesidad de financiación es que acuda a su banco habitual y les solicite un crédito personal. Será mucho más barato para usted y podrá solicitar una mayor cantidad, al ser mayor la flexibilidad que ofrecen. Si se encuentra usted en una situación de ahogo familiar, trate de evitar este tipo de créditos. En primer lugar negocie un nuevo crédito personal con su banco para cancelar el resto de créditos o tarjetas de crédito, si las tuviera. De esta manera, conseguirá tener que pagar una sola cuota y el total mensual a pagar será muy inferior. Si tiene dos créditos rápidos de 3.000 euros cada uno y dos tarjetas de crédito por importe de 1.500 cada una, tendrá realmente una deuda de 9.000 euros, y pagará una media de 540 euros. Con un crédito personal de 9.000 euros podría pagar cada mes la mitad de lo que paga ahora mismo.